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China

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05.10.94 XI'AN - SHANGHAI

Al abandonar Xi'an con dirección a Shanghai, un último paseo por sus calles me ha dejado una sensación desagradable; aunque desde el primer momento se hace evidente el contraste de su pobreza con el mayor nivel económico de Pekín, he de reconocer (y quiero resaltar que no me gusta confundir pobreza con modos de vida diferentes al nuestro) que hoy en especial he acabado por sentirme un poco incómodo: suciedad abundante, puestos de frutas y de comida junto a cúmulos de basura, niños excesivamente sucios y descuidados, mucha contaminación... Xi'an no es una ciudad próspera, pero dejarla me ha causado un cierto desahogo.
Desde el aeropuerto de Shanghai al nuevo hotel (un recorrido nocturno en taxi durante más de una hora y cuarto) he creído descubrir lo que a primera vista parece otra China: calles bien iluminadas, barreras de protección en las aceras, aparente limpieza, innumerables escaparates, algunos rascacielos, no muchas bicicletas, señales de prohibición de tocar el claxon... es decir, menos ruido. Dispongo de tres días para confirmar mis sospechas.

06.10.94 SHANGHAI

Pese a lo que en un principio suponía, Shanghai es indefectiblemente una ciudad china; no obstante, guarda en su interior más de una Shanghai conectadas por sus diversas etapas históricas. Pasear por el Bund es como acercarse un poco a la China colonial del siglo XIX, con sus enormes edificios de corte europeo presidiendo la avenida. Subir por la calle Nanking es descubrir la China más capitalista, repleta de neones y escaparates, haciendo del consumo y el dinero los nuevos sustitutos del fenecido Mao. Caminar por las estrechas callejuelas del barrio antiguo supone encontrarse con la China profunda, la que nunca tuvo que ver con palacios, jardines imperiales ni mansiones.
Shanghai sí es, sin embargo, una ciudad más tranquila que las demás. En muchas avenidas está prohibido circular con bicicleta, lo que posibilita un tráfico más fluido. No en vano, sus habitantes se jactan de su cosmopolitismo y su occidentalización, otro de los nuevos dioses que dirigen la nueva China.

07.10.94 SHANGHAI

China se asemeja a un niño que cuando se comporta como debe, cuando responde a lo que de él se espera, puede convertir unos minutos de su compañía en unos instantes gratos y apacibles, pero que cuando persiste en una actitud rebelde y caprichosa desearíamos tener a varios kilómetros de distancia. Conseguir un sencillo billete de tren para Suzhuo ha sido por momentos una tarea imposible, sólo al alcance de los habitantes de este inaprehensible país; sin embargo, una vez adquirido, todo hubiera resultado tan sencillo de seguir los pasos adecuados...
De cualquier manera, un tranquilo paseo por las angostas calles del barrio antiguo o transitar durante más de una hora por el excelso jardín de Yu Yuan (donde la armonía entre naturaleza y arquitectura alcanza la perfección) recompensan de cualquier desabrimiento. El viajero a veces no pide más: que le dejen andar, observar, aprehender cuanto pueda alcanzar con la mirada y los sentidos. Y Shanghai te lo permite. Quizá su mejor herencia europea sea su permiso inalterable para dejarse tocar y admirar sin perder su encanto propio y sin rechazar a nadie. Tras pasear unas horas por sus calles es fácil comprender lo que quiero decir.
En el bar del hotel, he podido comprobar la pasión de los chinos por el karaoke: aparte de lo terriblemente mal que cantan las composiciones de corte occidental (nunca había oído desafinar de esa manera), lo hacen solos incluso, mientras miran la pantalla del vídeo como quien ve un telediario o lee la prensa. Al menos en este aspecto es patente su falta de sentido del ridículo.

08.10.94 SHANGHAI

El último día en Shanghai aporta poco de nuevo: la compra de alguna que otra prenda en la calle Nanjing (la única verdaderamente especializada en la venta y el consumo), una nueva visita al barrio antiguo (lo merece) y una caminata hasta el Shanghai Center, un macro-edifico multifuncional que parece estar hecho para sorprender al visitante ante la modernidad de su aspecto.

09.10.94 SUZHOU

De camino a Suzhou en asiento-duro (mucho menos duro de lo que se cree, al menos en distancias cortas y con el vagón semi-vacío), se puede disfrutar con el más típico paisaje chino: interminables campos de arroz aderezados por los innumerables canales -afluentes del Gran Canal- que surcan la zona. Aunque el día no ha acompañado, ha merecido la pena aproximarse a la ventana y observar el continuo verde-amarillo del paisaje, los botes y las barcazas (los cuales parece que vayan a hundirse de un momento a otro) que cruzan los canales casi sin solución de continuidad, algún que otro campesino trabajando en los arrozales con medios propios de una sociedad preindustrial, etc. No es la espectacularidad del paisaje chino lo que atrae la atención del viajero, sino la cotidianeidad más pura y sencilla de un mundo, la China rural, de tan difícil acceso al extranjero en este país.
Una vez en Suzhou, todo ha sido infinitamente más fácil de lo esperado: buen hotel y compra de billetes de autobús para Hangzhuo casi instantáneamente (!sin guardar cola y a una taquillera perfectamente ducha en el inglés!). La estancia en el hotel (de los más baratos que uno ha podido encontrar durante todo el viaje) incluye también el desayuno, lo que me proporcionará la oportunidad de probar un desayuno chino, que a la sazón estaba compuesto por arroz (inevitable), ciertas bolas de harina rellenas de carne, un tipo de rollitos también de carne (nada que ver con nuestro conocido rollito de primavera), varias clases de pasta, así como una variedad enorme de platos cocinados; incluso para un británico todo esto parecería excesivo.

10.10.94 SUZHOU

Hoy ha sido un día perdido: la lluvia abundante y persistente que no ha dejado de caer ni un momento ha impedido cualquier disfrute de la ciudad. Las horas enteras desperdiciadas en el hotel esperando un mínimo resquicio que permitiera un sencillo paseo callejero han servido, no obstante, para recuperarse del cansancio acumulado. A última hora de la tarde, la lluvia ha cesado y hemos podido adentrarnos en la zona comercial de la ciudad (ya no había luz y los parques y monumentos estaban cerrados). La famosa Venecia china (a causa de sus canales) finalmente quedará pendiente para otra ocasión.

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