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COPÁN.
Llegada y alojamiento.
Después de un larguísimo viaje por una carretera sin asfaltar y en obras, llegamos a la frontera entre Guatemala y Honduras. En el puesto fronterizo nos expiden un visado especial válido sólo para visitar Copán y las ruinas. Llegamos al hotel, nos echamos una siesta y nos reunimos en la piscina un par de horas después. Cuando salimos a cenar, nos dio la impresión de que habíamos perdido el tiempo encerrados en hotel. El pueblo resultaba muy bonito, recordaba, por la arquitectura y urbanismo a Antigua.
No os preocupéis por el cambio de moneda, aceptan quetzales en cualquier sitio.
Las ruinas.

Hicimos la visita bajo un cielo nublado y el calor resultó muy soportable. El estado de conservación de estatuas, estelas y construcciones es muy bueno.

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